
Hace algún tiempo
descubrimos los taxis rosas como un servicio de mujeres y para mujeres: sólo las féminas podían ser las conductoras y las clientas. Y el fenómeno se extendió desde Londres, su ciudad de origen, por otras grandes ciudades, como Nueva York, Barcelona, Moscú... y cuentan que con gran éxito, pese a los recelos iniciales.