
El mítico actor
James Dean es un perfecto ejemplo de lo que se conoce como icono. Vivió deprisa, con la rebeldía por bandera, y nos abandonó demasiado pronto, consiguiendo una inmortalidad que, sesenta años después, continúa intacta.
Parte del mito nace en el cine y en las películas cuyos atormentados personajes, interpretados por Dean, dejaron huella en la historia cinematográfica.
La otra parte nace, muere y vuelve a nacer en la carretera, al volante de un Porsche Sypder 550 al que el actor había puesto el apodo de “Pequeño Bastardo”.